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A 40 años de la presentación de la fórmula Alfonsín-Martínez: el día que cerraron el Luna Park porque no entraba más gente

Estamos fruncidos”, dijo el candidato antes de guiñar el ojo en esa noche primaveral que no tenía antecedentes. Raúl Alfonsín y los militantes que cumplían la función de “custodios” aguardaban pacientes el final del discurso del candidato cordobés. A metros del escenario, la suelta de globos y papelitos preanunció su salida. Se acababa la espera y la pregunta fue sencilla: ¿Cómo se siente doctor? La respuesta motivó las carcajadas que descomprimieron el clima marcial de los cinco.

Un día como hoy, hace cuarenta años, un martes 7 de diciembre de 1982, Alfonsín y Víctor Martínez proclamaron su binomio presidencial en el Luna Park. Fueron los front man de un acuerdo que unió los destinos del Movimiento de Renovación y Cambio y Línea Córdoba, el sector hegemónico en la docta.

Se iba el año en que la tragedia de Malvinas, la caída de Leopoldo Fortunato Galtieri, la apertura política y el mal paso del seleccionado nacional de fútbol en el Mundial de España, marcaron la agenda de los argentinos.

Alfonsín-Martínez, en 1983.

El peronismo ya tenía en su haber un acto masivo, había sido en Atlanta. El primer 17 de octubre después de siete años. Sin embargo, golpes de puño y corridas eclipsaron las coberturas. La expulsión de los fotógrafos que cubrieron los incidentes y el prematuro retiro de las tribunas de las madres de Plaza de Mayo, silbadas por las columnas del verticalismo de las 62 Organizaciones, completaron la escena.

Más allá de la convocatoria militante y los afiches en vía pública, hacía una semana que la campaña de Alfonsín había apelado a los avisos en la gráfica. “La esperanza en marcha”, fue la consigna. Junto a ella, un punteo de propuestas: “Por la libertad y la justicia; la ocupación plena; la recuperación del aparato productivo; la educación gratuita; la libertad sindical; y la recuperación de la moral”.

La pauta que apuntó a los medios tradicionales, también incluyó dos diarios que tenían penetración en el conurbano bonaerense y los barrios porteños más postergados. Uno, que tenía tres ediciones; y el otro, que comenzaba a experimentar con el color. El alfonsinismo le hablaba a un lector al que la vetusta UCR le había perdido el rastro hacía tiempo.

La segunda semana del último mes de ese año arrancó recién ese mismo martes, porque el lunes una huelga nacional convocada por las dos centrales obreras paralizó el país. Duro golpe para el gobierno de Reynaldo Bignone que había hecho su mejor esfuerzo dialoguista ubicando como titular de Trabajo a Héctor Villaveirán, un veterano peronista que había ingresado al ministerio en los 50.

Desde julio que la prensa daba cuenta de los movimientos de las fuerzas políticas y el andar de sus gentes. Parecía lejana la noche en que la Federación Argentina de Box estuvo a tiro de clausura, porque nadie en la Rosada firmaba la derogación del decreto que vedaba la actividad política.

El candidato había recorrido todo el país, pueblo por pueblo, comité por comité. Para ese diciembre, llevaba miles de kilómetros transitados, centenares de discursos pronunciados, y miles de personas ya lo habían acompañado en sus mitines.

Boleta electoral Alfonsín-Martínez, elecciones del 30 de octubre de 1983.

Las coberturas coincidieron en que el acto superó en público las previsiones de las propias instalaciones, cosa que preocupó hasta al mismísimo Tito Lectoure. A las 20:10, por los altoparlantes, el propietario anunció que cerraba el estadio porque no cabía más gente.

Los matutinos más cautos hablaron de 24 mil personas, algunos más generosos vieron 35 mil. El viejo Palacio de los Deportes, que desde los 30 cobijó los triunfos pugilísticos de Ringo Bonavena, Nicolino Locche, Carlos Monzón, y Pascual Pérez, era el estadio cubierto más grande de la ciudad. Y sede de la debutante fórmula que un año y tres días después asumió la reinstauración democrática.

Las columnas porteñas se ubicaron de espaldas al río, mientras los bonaerenses confluyeron en la popular de la calle Bouchard. Las plateas cobijaron gente del interior. Invitados especiales, referentes de la cultura, figuras populares y viejos dirigentes partidarios quedaron frente al escenario.

La previa fue matizada por bombos, redoblantes y cánticos militantes, allí hizo su debut un hit single de campaña: Después del Pocho, después de Balbín, el líder del pueblo Raúl Alfonsín.

Los radicales copados por el público joven le perdieron temor al peronismo y lo incorporaron a su menú musical. El general de la voz cascada, el demonizado tirano prófugo, ahora era simplemente Pocho, el líder del pasado. Solo los más chicos podían moverse con ese desparpajo frente a la historia.

El otro hit lo puso una guajira que en su estribillo decía “viene llegando una esperanza por fin, el pueblo grita ‘viva Raúl Alfonsín’”, la voz de Ana D’Anna se ganó al público, guitarra y bombo en mano. Las voces de Cantoral, la guitarra de Cacho Tirao, el canto surero de Omar Moreno Palacios, y los temas populares de Los Arroyeños se sucedieron, a pesar de los bombos y los redoblantes que hicieron inaudibles sus presentaciones.

El candidato a vice arremetió con un discurso de barricada. “Hay que abrir las cárceles para que salgan los que están injustamente detenidos”, dijo Martínez. “Y dejarlas abiertas para que entren los que están injustamente afuera”, remató ante el estallido de las tribunas. Fue su presentación en sociedad y le sacó provecho.

El anuncio del acto de lanzamiento de la fórmula Alfonsín-Martínez en el Luna Park, el 7 de diciembre de 1982.

El plato fuerte de la noche se hizo esperar. A esa hora, miles seguían el acto desde la pantalla gigante que estaba ubicada sobre la avenida Corrientes.

“El período que vamos a iniciar no será un ciclo más en la alternativa cívico-militar, sino el comienzo de una nueva etapa de democracia y desarrollo”, advirtió Alfonsín en el inicio de su discurso. “Hay un gobierno agarrotado que no atina a cambiar el rumbo”, acusó, y añadió que “el poder oligárquico se prepara para el retorno”. Pero señaló esperanzador que se lo podía parar con “una novedad histórica”, solo había que “plasmar un movimiento nacional, democrático, reformista, progresista y mayoritario”. “Vamos a transformar la auto derrota del régimen en victoria de la democracia”, aseguró confiado.

“Si las fuerzas de la derecha quieren interrumpir este proceso de retorno a la democracia no habrá una huelga como la de ayer: tendrán que enfrentarse a un pueblo unido que hará tierra arrasada”, preanunció con tono severo. El “se siente, se siente, Raúl es presidente”, entrecortó varios pasajes de su extenso discurso que se prolongó por una hora. Una vez más dejó en claro que se oponía a “todo manto de olvido” en el tema de los desparecidos. Sí, el término era muy habitual en aquellos años y era tema de debate: “Olvido”, tal como se lee.

Esa noche, al cierre, con la certeza del deber cumplido, conmovido por eso, sudado por demás, el candidato se adelantó unos pasos por delante del podio. Un apretón de manos, un gesto de acercamiento y calidez, un “no me voy de acá sin saludarte a vos”.

Esa escena se replicó y constituyó -por mucho tiempo- el símbolo del alfonsinismo. Las manos entrelazadas fueron parte de los afiches de campaña en el último tramo. Un saludo que no demandó más esfuerzo que unirlas por encima del hombro izquierdo. Sí, del lado del corazón. Minutos después, junto al vice emprendieron una caminata al frente de una gran columna que recién se desconcentró en el Obelisco. 

El lanzamiento de la fórmula Alfonsín-Martínez en la tapa de Clarín.

Veintiséis años más tarde, el 30 octubre de 2008 el mismo Luna Park fue testigo de su despedida. Ya enfermo, con un video grabado en los días previos, fue su último mensaje. Allí, nuevamente se dirigió a los jóvenes y abogó por la siembre del diálogo en pos de la unidad. Una despedida que tuvo las adhesiones internacionales de los ex mandatarios Jimmy Carter; Lula da Silva; Felipe González; Ricardo Lagos; Julio María Sanguinetti; y José Sarney, que hablaron sobre su legado global.

En esa meca de los púgiles que hicieron historia, Alfonsín se despidió con los puños en alto. A días de cumplir 39 años de continuidad sin vetos ni proscripciones, parece campeonar una vez más.

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